miércoles, 21 de marzo de 2012

NOMBRES DE UNA LISTA...¡EXISTENCIAS EN EL PIEDRA! (parte tres)

1987. Mi tercer año en el Piedrabuena. Siempre en el turno mañana. Al igual que el año anterior, nuestra aula tenía su entrada sobre el pasillo más largo del colegio, ese que tiene vista al patio donde la mayoría de las mañanas recitábamos la oración de la bandera.
El año pasado, 1986, el aula de 2do 6ta estaba próxima al final del pasillo, cerca de los baños. Y en 1985, el año que ingresé al colegio, nuestra aula era una de las últimas que se habían construido, cuyas ventanas daban a la calle 843. Ahora, en 3ro 1ra, nos tocará un aula en una zona más central del mencionado pasillo principal.

Haciendo, quizás, un razonamiento un tanto caprichoso, pleno de subjetividad, se podría llegar a pensar que la ubicación de las distintas aulas que me tocó tener, en mi paso por el Piedrabuena, obedecía en cierta forma a nuestro propio crecimiento y desarrollo en la escala jerárquica de la institución. Quizás alguien pretenda expresar el noble sentimiento que todas las divisiones y todos los años tienen la misma relevancia para la comunidad escolar en su conjunto. Pero, y en esto creo interpretar una visión generalizada en los jovenes que fueron alumnos en la escuela secundaria, a medida que se iba avanzando en los años del programa escolar, también se crecía en autoestima y en la consideración que los alumnos más chicos podían tener de nosotros.

Por si no se entendió a donde apunto: en primer año, y a veces hasta bastante avanzado el segundo, erámos más ingenuos, dóciles en cierta forma, porque teníamos ya una noción de cual era nuestra ubicación en la jerarquía institucional. Nos mostrábamos más respetuosos de los años superiores, y con suerte nadie de 4to o 5to año pretendería tomarnos para sus bromas o, lo que quizás fuera peor aún, ser "ignorados" con la total falta de consideración sobre nuestra existencia.

El tercer año claramente podríamos considerarlo como una etapa de transición: ya habíamos dejado atrás la etapa ingenua, mansa, de reverencia respetuosa a los mayores del colegio, pero aún no jugábamos en las ligas mayores, allí dónde los de 4to y 5to año se movían como peces en el agua.
Si en 1ro y 2do año me habían tocado aulas ubicadas más bien hacia zonas próximas al borde y al fondo del colegio, casi marginales podríamos decir también, para el 3er año se apreciará que nos ubicaremos viniendo más hacia el centro del edificio.
Esto se hará totalmente evidente en 4to año cuando ocupemos el aula de la esquina de los dos pasillos: el principal y aquel que algún tiempo unía un kiosco y la salida principal al patio.
En quinto año estaremos ubicados en las aulas que se aproximaban hacia la esquina de la Av.844 y la 894, mucho más cerca del centro administrativo del colegio, separados y diferenciados si se quiere de los años más chicos, pero, a su vez, mucho más cercanos a la puerta principal de la institución. Quizás en algun otro momento nos animemos a reflexionar sobre esas particularidades de nuestra última ubicación en el Piedrabuena.

Y el 3ro 1ra de aquel 1987, como tantos otros 3ros años, fue de transición en varios sentidos, principalmente como el último año que tenías para decidir que orientación querías otorgarle al título de bachiller: contable o pedagógico.
Comenzaríamos el año siendo 14 varones: 6 veníamos juntos desde primer año (Benitez, Caceres, Gallardo, Gimenez, Tupone y yo); 3 nuevos (Esquivel, Moyano y Rodriguez) se habían sumado en segundo año y finalmente 5 nuevos compañeros se unieron en tercero. Ellos eran: Gonzalez Alejandro, Jaime Calderon, Pietracone, Alfieri Gabriel y Escobar.
De estos últimos, al que más conocía era a Gabriel Alfieri, por haber sido compañero en los últimos años de la primaria, en la escuela nº32. En cierto sentido lo consideraba un adversario, porque ya desde la primaria se destacó como un excelente y dedicado alumno. Eso no cambió en el secundario y en 5to año sería mi mayor oponente en la consideración de quien debía ser el abanderado del curso.
Sin embargo, de a poco fuimos consolidando algun tipo de amistad, ya que él siempre fue más bien de refugiarse en su familia y en el estudio.

Con respecto a las mujeres hay que destacar que 6 venían desde el primer año (Luque, Berger, las hnas Pajon, Spadano y Marmori); 6 desde el 2do año (Rodriguez Ana, Muriel, Coca, Lopez M., Leguizamón y Rotela). Finalmente, Velazquez, Zabala, Toledo, Aragón, Freyre, Gianico, Gimenez, Lopez C., Lopez, Maldonado, Martinez, Orue, Parera Sandra, Pueher María José, Marina Pontigo, Miriam Ramirez, Rodriguez M. y Serrano serían las chicas que, egresadas de otros 2do años, terminaron siendo parte de 3ro 1ra.

He dicho ya que la existencia en la adolescencia tiende a girar sobre dos ejes que alcanzan mayor trascendencia que cualquier otro: la amistad y el amor. No puedo hablar de 3ro 1ra del 87 sin hacer mención del profundo sentimiento amoroso que provocaba en mi la compañera más hermosa que tenía. ¿Su nombre? Miriam Ramirez. Pero jamás me prestó atención y ese total desinterės hacia mi persona me hizo saber, como nunca antes en mi corta vida, que se siente cuando se muere por amor //


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