El año 1988 habría de significar una bisagra en mi vida. Ese verano había viajado de vacaciones a Tucumán, luego de trece años desde la última vez que habíamos estado allí, y el trato y las salidas con mis primas mayores definitivamente habían actuado en mi.
Me sentía algo más maduro, un poco más seguro de mismo, aunque pronto comprobaría que seguía siendo un chico tímido y muy callado.
En marzo de ese año iniciaba la etapa final en la secundaria Don Luis Piedrabuena de San Fco Solano. Mi flia vivía a sólo diez cuadras de la 844, la avenida principal de la ciudad. Así que, salvo los días de fuertes lluvias o intensos fríos, íbamos caminando al colegio. Y digo "íbamos" porque desde el 86 mi hno Rubén pasó a ser mi compañero en esas caminatas matutinas.
El lunes 21 de marzo escribí en mi diario personal: "Hoy debían comenzar las clases para los alumnos secundarios pero continúa vigente el paro docente. Cuando llegué a la esquina del Banco Credicoop, dónde siempre nos reuníamos antes de ingresar a la Escuela, lo encontré a Moyano. Luego llegó Cáceres y después Gimenez. Más tarde llegó Calderón y me dijo que se había cambiado(luego de arrepentirse) del pedagógico al contable. Allí me enteré que Benitez y Escobar, junto con Pietraccone y Gallardo, quienes fueron "invitados" a dejar la Escuela, habían quedado en el camino."
"Después entramos a la Escuela y la Directora dijo unas palabras, seguramente tratando de explicar las razones que impedían el inicio normal de las clases. Al salir lo encontramos a Pacha y fuimos para la casa de Tupone. Estuvimos un rato largo charlando y luego acompañamos a Tupone hasta la parada del colectivo ya que debía ir hasta Quilmes. De tercer año hemos quedado diez varones: 4 del cada vez más lejano 1ro 12 del 85(Cáceres, Gimenez, Tupone y yo); 3 del 2do 6ta(Moyano, Rodriguez y Esquivel) y 3 de los que iniciaron en 3ro 1ra(Alfieri, Calderon y Gonzalez). Se dice que de mi división del año pasado repitieron 13 o 16."
Por aquel entonces, y salvo que hubieses repetido o abandonado uno o dos, la secundaria tenía una duración de 5 años para el bachiller contable o pedagógico y de 6 años para quienes decidían ir a una escuela Técnica. Esa situación de tener que elegir entre el bachiller contable o el pedagógico cuando llegabas al cuarto año potenciaba aún más la condición de año bisagra que había señalado sobre 1988 al inicio del relato.
A todo esto se sumaba el hecho que ya venía aconteciendo en los dos años anteriores: la incorporación al grupo de amigos de un nuevo grupo de alumnos provenientes de otros terceros años.
Ya ese mismo 21 de marzo del 88 hacía especulaciones de cuantos seríamos en cuarto año y quienes serían mis nuevos compañeros: "De los varones del otro tercero vi como a ocho pibes pero seguramente han de faltar algunos. Así que sumaremos como veinte varones". Ese cálculo estuvo muy cerca de la realidad ya que, finalmente, terminamos siendo 19 varones en el 4to 1ra del 88."
En esos años de secundaria y adolescencia la amistad, al igual que el amor, adquiere preponderancia descomunal, absoluta. Todo, o casi todo, gira en torno de los amigos. Son durante esos años que se edifican las amistades más duraderas y tambien dónde se derrumban las más efímeras y precarias.
Durante mis tres primeros años en el Piedra había forjado una poderosa amistad con Carlos Alberto Benitez. De pronto, antes de iniciar el cuarto año me encontraba con la noticia de que él no había pasado de año. Así lo reflejé ese 21 de marzo del 88: " A las dos de la tarde fui a la casa de Benitez y las versiones se confirmaron: había repetido. Cuando llegué a su casa estaba durmiendo. Un rato antes había regresado desde la capital. Fue a buscar trabajo. También se inscribió en una Escuela de Quilmes en el turno noche. Le pedí unas cosas que le había prestado el año pasado, conversamos un buen rato y nos despedimos. Antes de hacerlo me contó que repitieron Gianico, Serrano, Rodriguez Marcela, Spadano, Berger, Aragón, Zabala y otras más. Quizás Ramirez también repitió."
Comparto aquí un nuevo enlace a mi pasado en el colegio. Seguramente es un texto mucho más personal, por su contenido y presentación, pero me parece una manera sincera, y además fructífera, de escribir historia combinando datos de la memoria y recursos literarios. No digo con esto que lo escrito es gran literatura. Digo que es un intento de abordar la historia de otra manera, más artística quizás.
Invito a quien tenga inquietudes similares a escribir su historia en el Piedrabuena, con la certeza de que estos tipos de relatos son también válidas formas de encarar y difundir la historia.
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