Finalmente, luego de 36 días de huelga docente, el miercóles 20 de abril de 1988 se iniciaba el tan esperado año escolar.
Sí. Realmente para un adolescente que aún no puede salir a trabajar, y que termina encarando la calle porque en su casa se aburre y se siente encerrado, lo mejor que le puede pasar es volver a la escuela. Las obligaciones escolares terminaban siendo un mal menor frente al anhelo y la ansiedad de volver a estar junto a sus amistades, los seres que más y mejor lo comprenden en este mundo.
Salí con Rubén de mi casa a las 7.30hs. Al llegar al colegio ya todos estaban dentro, en el patio, pero aún no habían formado. Saludé uno por uno a mis compañeros y nos formamos. La Directora dijo unas palabras alusivas, recitamos la oración a la bandera y luego fuimos al curso.
De las chicas del año pasado sólo quedaron Ana Rodriguez, Lidia Berger(Benitez se había confundido al incluirla en el grupo de los que no habían pasado de año), Toledo, María José Puegher, Sandra Parera y, aunque hoy faltaron, Coca y Marmori. De los varones faltó unicamente Gonzalez. Éramos 9.
De la otra división, la que se unía a nosotros para formar el cuarto año contable, eran 9 varones y 13 chicas, pero creo que faltaron una o dos. Somos en total 40: 17 de 3ro 1ra y 23 de 3ro 4ta.
Ya el día 25 de abril dejaba asentado que nos habían visitado promotores de empresas de turismo estudiantil para el viaje de egresados a Bariloche. Pero aún era muy pronto para tomar decisiones al respecto. A fines de abril registré que hacía varios días que tenía a Gonzalez como compañero de banco. A mi me trataba bien pero recuerdo claramente que tuvo varios incidentes con algunos de los pibes y día a día parecía ganarse el desprecio de la mayoría.
Para el 17 de mayo ya había obtenido mi primer uno( ¿o habra sido un cero?) al decirle a la profesora de Merceología que no había estudiado. "A las 17.15hs tuvimos la primer clase de gimnasia junto con el 5to año de la mañana. Luego de la clase fuimos cerca de la casa de Adrian, donde aún existen unos terrenos baldíos [detrás de Roel y un pequeño parque de diversiones con entrada por la 844] y jugamos al fútbol hasta las 18.10hs.
Estaban Adrian Orlando Lombardo, que no jugó, Manuel "Manolo" Fernández, Roberto "Lola" Esquivel, Rafael "Fita" Perchivale, Gabriel Abalos, Jaime Calderón, Pedro Lebrand y Leo Jagler". Estoy seguro que todas esas instancias de actividades fuera del ámbito escolar contribuyeron enormemente para conocernos mucho mejor y solidificar lazos de amistad que, en muchos casos, aún perduran vigentes.
A Orlando [o Adrian, era indistinto] lo conocía bien. Durante los siete años de la escuela primaria había sido mi mejor amigo. Pero los tres primeros años de la secundaria actuaron, a pesar de cruzármelo por los pasillos, patios y baños, como un período de distanciamiento. Al volver a reencontrarnos en el aula, en 4to año, tuve que hacer un esfuerzo para interpretar muchos aspectos de su personalidad que yo ignoraba o desconocía. Algo parecido también aconteció con su apariencia física. Esa relativa madurez que yo creía percibir en mí, también se estaba produciendo, muchas veces imperceptiblemente, en mis compañeros y amigos.
De a poco íbamos dejando la ingenuidad y las inseguridades que traíamos de la escuela primaria, y que se prolongaban, con distinto grado de intensidad, en los primeros años de secundaria, y comenzábamos a formar una personalidad más madura, más avasallante en algunos casos, más engreída o carismática en otros, con la certeza de que nuestra juventud nos daba las fuerzas y la autoridad para intentar llevarnos el mundo por delante.
En Adrian me sorprendió apreciar todos esos cambios que fueron configurando una nueva personalidad y una renovada apariencia, que partían incluso de una aceptación mucho más amplia de su identidad, ya que siempre lo habíamos conocido por uno solo de sus nombres. Ahora se lo veía realmente a gusto utilizando sus dos nombres con amplia libertad.
Por otra parte, su renovada y atractiva apariencia física no solo se basaba en el natural crecimiento de su contextura muscular sino también en el nuevo look que evidenciaba su peinado. Tengo en un rinconcito de mi memoria su imagen con el cabello corto y laceo. Ahora le mostraba al mundo una cabellera bastante enrrulada, digna de un león.
A pesar de todos esos cambios estéticos, emocionales, cognitivos, etc, etc, siguió siendo la gran persona de siempre. Generoso con los amigos, humilde y optimista; un tipo con una gran sonrisa y dueño de un fuerte apretón de manos, garantías de buena gente. -//-
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